Programa de Teatro y Democracia

POGRAMA TEATRO Y DEMOCRACIA

SUS FINES

En la concepción del Programa  TEATRO Y DEMOCRACIA existen dos líneas esenciales:

A) Crear un Centro en cada uno de los países interesados, que aglutine a los distintos grupos teatrales nacionales que participan en los objetivos señalados en el Manifiesto Fundacional. A partir de ahí, organizar programas y actividades entre los grupos implicados, que contribuyan a potenciar la función democrática del teatro en su  país. La colaboración de los Centros Nacionales estará prevista en los planes de trabajo.

B) Más allá del marco nacional, favorecer la información y la cooperación entre todos los grupos asociados...

Partimos del principio de que la idea de democracia nació en Grecia al tiempo que el teatro, pronto convertido, más allá de sus vinculaciones mitológicas,  en una institución absolutamente necesaria para el desarrollo de aquella. El teatro, asumido como un espacio de expresión de la humanidad, con sus divergencias, aceptando el diálogo como principio, habría sido el instrumento de participación de la mayoría, a través de los personajes y de los espectadores, en la creación de una opinión crítica. Si, obviamente, existe una minoría que toma las decisiones concretas desde el Poder, a veces a través de un previo proceso electoral, el juego de los intereses establecidos aleja a menudo las decisiones de los gobernantes del interés general. En esa realidad, el espectador y el personaje dramático son los depositarios de una teórica libertad, entorpecida por sus circunstancias concretas. Dictaduras, censuras, oligarquías, profundas desigualdades y una cultura de la sumisión habrían apartado de la participación política a muchos que han podido pensar libremente sólo como espectadores. De ahí la importancia de un teatro crítico y libre como instrumento regular de la vida democrática.

Aceptada esta idea, en una época en la que la revolución tecnológica ha creado una nueva relación social y multiplicado las posibilidades de comunicación, es evidente que el teatro puede cumplir como nunca, con muy distintas poéticas, su condición de testimonio de realidades habitualmente veladas. De ahí su posible aportación a la pacífica revelación de la vida humana y a la corrección de aquellos factores que la oscurecen y condenan a tantas personas al silencio. Por ello hablar del teatro no supone, independientemente de que en muchas ocasiones así suceda, referirnos a un hecho simplemente industrial, económico o integrado en el ocio de una clase social. Ni a un ejercicio de la fantasía y del ingenio. Estamos hablando de un instrumento importante para generar la reflexión de la mayoría, para desvelar el origen de la violencia y de la injusticia,  para que entendamos, en fin, lo que es el drama personal e inevitable y el drama social, generalmente vinculado a la acción de sus beneficiarios.

Hoy en el mundo existen multitud de grupos teatrales que han asumido esta función, en buena medida minimizada por su  soledad, paradójicamente impuesta por la desatención de muchas administraciones nominalmente democráticas o fruto de cierto egocentrismo tradicional entre las gentes de teatro. Parece, sin embargo, llegada la hora de intentar conjugar la personalidad de cada grupo, cuanto le distingue en sus poéticas y en sus temas, con una comunicación que les permita afrontar empresas comunes, intercambiar experiencias y contribuir, en definitiva, a estructurar un pensamiento, con sus líneas afines, que medie en el debate ético y político de nuestro tiempo. Que se libere, en fin, de cuantos factores tienden a arrinconar y anecdotizar el trabajo de esos grupos y contribuya a una reflexión a menudo ausente en las meras acciones de protesta.

El programa Teatro y Democracia, promovido por la revista “Primer Acto”, ha sometido su primer Manifiesto a numerosos grupos de nueve países de América Latina y a veinte grupos españoles. Sus primeros pasos en África son también una realidad. Y esperamos, con el apoyo del I.I.T.M., llegar en breve a varios países del Mediterráneo europeo. Ninguna idea de homogeneidad en nuestro objetivo. Se trata de potenciar la personalidad de cada grupo a través de la unión entre ellos, exactamente igual a como debiera suceder en las democracias, donde la singularidad habría de ser estimada, dentro del rigor ético compartido, como una riqueza del bien común antes que un motivo de enfrentamiento. Nuestro primer paso será solicitar de cada grupo invitado, a partir de su adhesión al Manifiesto, su opinión para ordenar  la colaboración y que la solidaridad intergrupal forme parte de su solidaridad con la sociedad.

JOSE MONLEON

Primer Acto

Primer Acto. 352
Primer Acto. 352

Textos Teatrales

  • Itsi Bitsi”, Iben Nagel Ramussen (Odin Teatret). Primer Acto, 346 (enero-junio 2014): 102-109
  • “La selva es joven y está llena de vida”, Rodrigo García. Primer Acto, 346 (enero-junio 2014): 174-193
  • “Linfojobs”, María Velasco. Primer Acto, 347 (julio-diciembre 2014): 47-54
  • “La araña del cerebro”, Nieves Rodríguez Rodríguez. V Premio Jesús Domínguez. Primer Acto, 347 (julio-diciembre 2014): 116-153
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